El filtro UV, ¿usar o no usar? Segunda parte.

Con lo visto en el artículo anterior, podríamos llegar a la conclusión de que es mejor evitar el uso permanente de los filtros UV en nuestros objetivos. Los reflejos acentuados y las “luces fantasma” son nuestros enemigos en las tomas nocturnas y en situaciones de fuerte contraluz o de abundancia de luces residuales. Durante esos momentos el filtro UV debería estar a buen recaudo en su estuche correspondiente y no pegado al frontal de la lente.

 

Más de un experto en técnica fotografía propone directamente no usar filtros UV en ningún caso para evitar degradar mínimamente la calidad de las capturas. Thom Hogan explica en su blog que una muesca accidental en el cristal frontal de una lente tiene un efecto muy pequeño en el resultado final de las fotos. Lo único que puede causar en una lente estándar o un teleobjetivo es cierta reducción de contraste equivalente a la causada por la adición de un filtro UV de buena calidad.

 

En cuanto a las lentes gran angulares, la profundidad de campo que tienen es tan grande que es más que probable que esos rayones obstaculicen más explícitamente el resultado final. Por ello tal vez pensemos que en este caso es imprescindible un filtro UV pero hay que considerar que los objetivos de estas características suelen usar un diámetro grande, habitualmente 77mm. Mientras mayor sea la superficie que hay que proteger, mayor será el desembolso por un accesorio protector y, en el caso de los angulares extremos, será necesario adquirir un cristal de delgadez extrema (“slim” en inglés) pues de otra manera nos vamos a topar con problemas de viñeteo en las focales más cortas. El precio de un buen filtro “slim” es caro, relmente caro. Puede rondar perfectamente el 20% del valor del objetivo, como para pensárselo…

 

Quizá una de las alternativas de actuación más razonables es adquirir un filtro UV para la lente estándar que más tiempo utilicemos en situaciones extremas de lluvia, polvo ambiental y entornos hostiles y acoplarla en esos momentos de especial riesgo.  Para el resto de nuestro arsenal de cristales habremos de valorar si realmente los vamos a poner en peligro de manera seria como para tener que invertir en un filtro protector. Por poner un ejemplo, un objetivo de 85mm luminoso es probable que sólo lo utilicemos en sesiones de retrato o ambientes relajados en los que la posibilidad de daño sea mínima.

 

En todo caso, el uso adecuado del parasol amortigua la mayor parte de los golpes y la utilización de la tapa del objetivo en momentos de inactividad fotográfica son una protección más que suficiente si lo combinamos con un mínimo de cuidado y sentido común. Para fotógrafos especialmente manazas o amantes de situaciones “movidas” considerar la contratación de un seguro puede ser una inversión más interesante que comprar un filtro UV.

 

Si nos decidimos a comprar un filtro protector, la página lenstip ha publicado uno de las pruebas comparativas más minuciosas disponibles hoy en día en la red. Los resultados están publicados en inglés, aunque podremos encontrar un ránking bastante explicativo que ordena los modelos más interesantes en cuanto a resultado final por un lado y calidad/precio por otro. Los resultados son contundentes a favor de los modelos multicapa de la marca Hoya siendo el HMC UV-0 el vencedor en ambas categorías. En siguiente lugar  está el filtro multicapa de la marca alemana B+W, aunque su precio es mucho más elevado, quedando peor en términos de relación calidad/precio. Otras alternativas son los modelos MC de Marumi y Hama. Todas estas marcas tienen también en su catálogo modelos monocapa de rendimiento mucho menor, por lo que tendremos que asegurarnos a la hora de realizar nuestra compra de que el filtro tiene en su cristal el tratamiento multicapa que reduce deslumbramientos y reflejos (multicoated).

 

FotografíaJohannes Jansson