El parasol, la mejor protección del fotógrafo.

Jon Díez Supat Lecciones de fotografía 1 Comment

Para evitar golpes a la lente, para eliminar reflejos y luces residuales mejorando el contraste… El parasol es el mejor profiláctico para nuestra práctica fotográfica y se considera una buena costumbre el tenerlo siempre acoplado a nuestro objetivo. Su adquisición suele ser asignatura pendiente sobre todo para los usuarios canonistas, cuyas lentes de gama baja no lo incluyen de entrada. Estamos hablando de un accesorio de  precio reducido que en casi todos los casos baja de los diez euros.

 

 

Hay diferentes modelos de parasol, de tamaño y forma variada dependiendo de la distancia focal del objetivo y del formato de recorte para el que es utilizado. Intercambiar parasoles entre lentes, aunque encajen en el diámetro de la frontal, no suele ser buena idea por el riesgo a que una forma inadecuada pueda interferir en el encuadre. Los telezooms suelen tener modelos de parasol de tubo más o menos largos y en los objetivos más angulares  son habituales los modelos de pétalo con muescas para evitar viñeteo en las focales más cortas.

 

Como indica su propio nombre, la función principal del parasol es la de bloquear los molestos reflejos que causan los rayos solares cuando entra directamente en el objetivo. Cuando disparamos a contraluz y tenemos al sol muy cerca del encuadre de nuestra fotografía, nos estamos arriesgando a que la imagen se vea afectada por deslumbramientos  –flare en inglés-  que afectan negativamente al contraste o por líneas de círculos o polígonos que se extienden a lo largo de nuestra composición. Un parasol es una ayuda inestimable para bloquear estos problemas, a no ser que queramos provocarlos con un fin creativo.

Estos reflejos podían haber sido evitados con un parasol

En la actualidad, los cristales frontales de los objetivos son tratados con un recubrimiento que tiene como objetivo minimizar los reflejos de la luz, haciéndolos mucho más resistentes frente a deslumbramientos que los objetivos de antaño. Sin embargo, ninguna de estas fórmulas es perfecta ni eliminan por completo la necesidad de un parasol. La luz viaja y se refleja en todas las direcciones y no sólo tenemos que estar en guardia frente a los rayos directos del sol ya que, sobre todo en situaciones de iluminación abundante, existen muchas luces parásitas que rebotan en cualquier superficie reflectante e inciden en nuestros cristales desde cualquier ángulo. El resultado de esta iluminación no controlada son pequeños deslumbres o una disminución general del contraste que puede ser evitado en su mayor parte enroscando el parasol en la lente.

 

Más allá de servir de defensa contra las luces residuales, el parasol es de gran ayuda a la hora de  absorber el impacto de caídas y golpes que podrían dañar a nuestro objetivo. Sólo por eso deberías tenerlo muy presente a la hora de salir a la calle equipando a la lente con este barato accesorio.
Segunda foto por Chris JL